Al hablar de pueblo, viene a mi mente y espero a ustedes también un caserío en medio de un paisaje rural, donde hay un determinado número de hogares, todos distintos, en las localidades rurales casi todos están emparentados o tienen una relación estrecha entre sí. El barrio, los vecinos, los amigos. Cada pueblo tiene su historia al igual que todas las personas que lo componen y en ese conjunto y sumatoria de experiencias hacen un colectivo y se obtiene una identidad.
Hay algo que caracteriza a un
pueblo y es su heterogeneidad, su diversidad, pero eso no provoca por
consecuencia desunión, sino todo lo contrario, provoca colaboración,
comprensión y aceptación de las diferencias, puede haber una pequeña rivalidad
entre sectores, pero no logrará hacer que aquellas personas se alcen en guerra
contra los demás. El concepto que visualizo en esta ocasión es una coexistencia
pacífica y tolerante.
Ampliando el término de pueblo y
ya no solamente a un caserío o unas cuantas manzanas, podemos hablar de: “El
Pueblo”, aquel que está compuesto de tradiciones y costumbres, que tienen una
identidad y originalidad, que está dispersa en un territorio, no así el
concepto de “Nación” o “Estado Nación”, ya que esto podemos limitarlo a la
soberanía y dominio sobre un territorio, un pueblo puede estar en dos o más
naciones como el caso del pueblo Aymara que no es chileno, peruano ni
boliviano, sino que está en aquel territorio que los países han delimitado
propios y establecen sus fronteras. Otro caso es el “País Vasco” o el “Pueblo
Vasco” (Euskadi) abarca el territorio al norte y sur de los Pirineos (norte de
España y Sur de Francia).
En Chile, ¿Tenemos un pueblo?
¿Aún está presente? Sobre estas preguntas, no profundizaré, el fenómeno de la
Globalización homogeniza los pueblos y las culturas, conduciéndolas a una
cultura global, podemos estar de acuerdo o no con ello, según el punto de vista
que se tenga. ¿Qué tiene que ver esto con ser evangélico?
Es común ver en las redes
sociales, en declaraciones y documentos oficiales referirse a la iglesia como
“pueblo de Dios”, acompañado o con el apoyo de una foto o vídeo que muestra una
gran multitud de creyentes celebrando al señor, gozosos o en medio de una
liturgia. Pregunto en esta hora y comparto mi reflexión: Aquel “pueblo de Dios”
¿Tiene una identidad? ¿Han sido los evangélicos sobrepasados por
comportamientos homogenizantes y comunes qué no nos hemos dado cuenta?
Me parece que es una pregunta
compleja y que su respuesta debe disipar dudas más que aumentarlas, no seré yo
quien, de la respuesta, es más no pretendo ser quien responda, sino sólo quiero
manifestar mi pensamiento. Quiero que pensemos en el término “totalitarismo”,
automáticamente lo asociamos al régimen nazi, fascismo italiano y también al comunismo
soviético, lo asociamos a tortura, censura de la prensa, libertad de opinión y
enajenación del individuo o sujeto, además, la persona común pierde su
identidad y pasa a conformar parte de la “Masa” que sigue al caudillo, que no
tiene otra función más que de manera cuantitativa para el régimen. Los
totalitarismos del Siglo XX, se caracterizaron por ser explícitos y que
causaban horror e impresión en quienes vivieron bajo el yugo de estos, un
Estado del Terror. Mas, hoy a 95 años del ascenso de Mussolini al poder en
Italia, 85 de Hitler en Alemania y 100 años de la Revolución bolchevique en
Rusia, nuestro sistema nos presenta un totalitarismo completamente silencioso
en el que ni siquiera sospechamos que somos parte, puesto que somos una masa,
una multitud, pero sin voz, sin opinión y reos de las decisiones que se toman a
puertas cerradas, creemos tener libertad de elección y de acción, pero nuestras
acciones están vetadas en cuanto toquen los intereses de los que tienen el
poder.
Para la iglesia evangélica, al
menos a nivel chileno, pienso que estamos cayendo en aquel silencioso, pero
peligroso totalitarismo en que sólo somos un número, alguien más, pero sin voz
ni opinión, o si opinamos algo, no es muy diferente al hermano que está a mi
lado, o al frente, ya no es aquel pueblito compuesto de personas diferentes,
pero que entre sí componían un pueblo, una cultura y una identidad, sino que
sólo somos una masa, que desfila por las calles protestando por la moralidad
que cree correcta, comentando en las redes sociales un discurso y argumentos
que se reiteran y que en desmedro del distinto, es atacado y tratado de
apostata y hereje.
Un pueblo que se convierte en
masa, busca tener una identidad, encierra a todos en el mismo saco, pero esa
identidad común es falsa, aquella identidad se uniforma y aparenta estar
“Unida”, puede crear slogan de “Unidad” pero por dentro está fragmentada, lo
único que la sostiene es aquella uniformidad, tal como marchaban las tropas
paramilitares nazis (SS). Desconoce las diferencias y las ataca a como dé
lugar, prefiere los mega eventos en donde el número de sus asistentes destaque
por sobre reuniones pequeñas y cultos en donde se practique el amor cristiano.
Esa identidad común está enlazada con una tradición a la que nos acoplamos, decimos
formar parte de ella, pero desconocemos en gran manera de que se trata, sin
mencionar el desprecio por nombrar “tradición” a las costumbres que tenemos.
No quisiera precipitadamente
decir “¡Dios no quiere masas, quiere un PUEBLO que lo alabe en espíritu y
verdad!” Pues creo que cada uno es “libre” de pensar y decir lo que quiera. No
creo que Cristo quiera que perdamos nuestra identidad como cristianos y formar
un batallón de cristianos en fila, con nuestra Biblia bajo el brazo, todos de
camisa y corbata, las mujeres falda y pelo extremadamente largo (y aceptarlo
como el modelo aprobado por Dios). Sino que veo a una iglesia el día de
pentecostés hablando en dialectos tan distintos como lo son el latín, griego,
copto, persa y demás lenguas que son mencionadas en el libro de los Hechos, veo
a Cristo fundando su Iglesia para TODOS y universal, incluyente y diversa, como
los pueblos que hay en el Mundo.
A pesar de que podemos llamarnos
“Pueblo de Dios”, “Nación de Dios”, no encuentro el calificativo de manera
honorífica, ser llamados “las masas de Dios”, inoperantes y sólo útiles para
obedecer, creo que por ello, tenemos la dicha de ser nombrados “Hijos de Dios”
e Iglesia del Señor, que en este concepto, la comunión, la unidad y la tolerancia
nos abarca a todos nosotros.
Un abrazo y hasta la próxima....

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