viernes, 10 de febrero de 2017

¿Pueblo de Dios o "masas" de Dios?





Al hablar de pueblo, viene a mi mente y espero a ustedes también un caserío en medio de un paisaje rural, donde hay un determinado número de hogares, todos distintos, en las localidades rurales casi todos están emparentados o tienen una relación estrecha entre sí. El barrio, los vecinos, los amigos. Cada pueblo tiene su historia al igual que todas las personas que lo componen y en ese conjunto y sumatoria de experiencias hacen un colectivo y se obtiene una identidad.

Hay algo que caracteriza a un pueblo y es su heterogeneidad, su diversidad, pero eso no provoca por consecuencia desunión, sino todo lo contrario, provoca colaboración, comprensión y aceptación de las diferencias, puede haber una pequeña rivalidad entre sectores, pero no logrará hacer que aquellas personas se alcen en guerra contra los demás. El concepto que visualizo en esta ocasión es una coexistencia pacífica y tolerante.
Ampliando el término de pueblo y ya no solamente a un caserío o unas cuantas manzanas, podemos hablar de: “El Pueblo”, aquel que está compuesto de tradiciones y costumbres, que tienen una identidad y originalidad, que está dispersa en un territorio, no así el concepto de “Nación” o “Estado Nación”, ya que esto podemos limitarlo a la soberanía y dominio sobre un territorio, un pueblo puede estar en dos o más naciones como el caso del pueblo Aymara que no es chileno, peruano ni boliviano, sino que está en aquel territorio que los países han delimitado propios y establecen sus fronteras. Otro caso es el “País Vasco” o el “Pueblo Vasco” (Euskadi) abarca el territorio al norte y sur de los Pirineos (norte de España y Sur de Francia).

En Chile, ¿Tenemos un pueblo? ¿Aún está presente? Sobre estas preguntas, no profundizaré, el fenómeno de la Globalización homogeniza los pueblos y las culturas, conduciéndolas a una cultura global, podemos estar de acuerdo o no con ello, según el punto de vista que se tenga. ¿Qué tiene que ver esto con ser evangélico?

Es común ver en las redes sociales, en declaraciones y documentos oficiales referirse a la iglesia como “pueblo de Dios”, acompañado o con el apoyo de una foto o vídeo que muestra una gran multitud de creyentes celebrando al señor, gozosos o en medio de una liturgia. Pregunto en esta hora y comparto mi reflexión: Aquel “pueblo de Dios” ¿Tiene una identidad? ¿Han sido los evangélicos sobrepasados por comportamientos homogenizantes y comunes qué no nos hemos dado cuenta?

Me parece que es una pregunta compleja y que su respuesta debe disipar dudas más que aumentarlas, no seré yo quien, de la respuesta, es más no pretendo ser quien responda, sino sólo quiero manifestar mi pensamiento. Quiero que pensemos en el término “totalitarismo”, automáticamente lo asociamos al régimen nazi, fascismo italiano y también al comunismo soviético, lo asociamos a tortura, censura de la prensa, libertad de opinión y enajenación del individuo o sujeto, además, la persona común pierde su identidad y pasa a conformar parte de la “Masa” que sigue al caudillo, que no tiene otra función más que de manera cuantitativa para el régimen. Los totalitarismos del Siglo XX, se caracterizaron por ser explícitos y que causaban horror e impresión en quienes vivieron bajo el yugo de estos, un Estado del Terror. Mas, hoy a 95 años del ascenso de Mussolini al poder en Italia, 85 de Hitler en Alemania y 100 años de la Revolución bolchevique en Rusia, nuestro sistema nos presenta un totalitarismo completamente silencioso en el que ni siquiera sospechamos que somos parte, puesto que somos una masa, una multitud, pero sin voz, sin opinión y reos de las decisiones que se toman a puertas cerradas, creemos tener libertad de elección y de acción, pero nuestras acciones están vetadas en cuanto toquen los intereses de los que tienen el poder.

Para la iglesia evangélica, al menos a nivel chileno, pienso que estamos cayendo en aquel silencioso, pero peligroso totalitarismo en que sólo somos un número, alguien más, pero sin voz ni opinión, o si opinamos algo, no es muy diferente al hermano que está a mi lado, o al frente, ya no es aquel pueblito compuesto de personas diferentes, pero que entre sí componían un pueblo, una cultura y una identidad, sino que sólo somos una masa, que desfila por las calles protestando por la moralidad que cree correcta, comentando en las redes sociales un discurso y argumentos que se reiteran y que en desmedro del distinto, es atacado y tratado de apostata y hereje.

Un pueblo que se convierte en masa, busca tener una identidad, encierra a todos en el mismo saco, pero esa identidad común es falsa, aquella identidad se uniforma y aparenta estar “Unida”, puede crear slogan de “Unidad” pero por dentro está fragmentada, lo único que la sostiene es aquella uniformidad, tal como marchaban las tropas paramilitares nazis (SS). Desconoce las diferencias y las ataca a como dé lugar, prefiere los mega eventos en donde el número de sus asistentes destaque por sobre reuniones pequeñas y cultos en donde se practique el amor cristiano. Esa identidad común está enlazada con una tradición a la que nos acoplamos, decimos formar parte de ella, pero desconocemos en gran manera de que se trata, sin mencionar el desprecio por nombrar “tradición” a las costumbres que tenemos.

No quisiera precipitadamente decir “¡Dios no quiere masas, quiere un PUEBLO que lo alabe en espíritu y verdad!” Pues creo que cada uno es “libre” de pensar y decir lo que quiera. No creo que Cristo quiera que perdamos nuestra identidad como cristianos y formar un batallón de cristianos en fila, con nuestra Biblia bajo el brazo, todos de camisa y corbata, las mujeres falda y pelo extremadamente largo (y aceptarlo como el modelo aprobado por Dios). Sino que veo a una iglesia el día de pentecostés hablando en dialectos tan distintos como lo son el latín, griego, copto, persa y demás lenguas que son mencionadas en el libro de los Hechos, veo a Cristo fundando su Iglesia para TODOS y universal, incluyente y diversa, como los pueblos que hay en el Mundo.


A pesar de que podemos llamarnos “Pueblo de Dios”, “Nación de Dios”, no encuentro el calificativo de manera honorífica, ser llamados “las masas de Dios”, inoperantes y sólo útiles para obedecer, creo que por ello, tenemos la dicha de ser nombrados “Hijos de Dios” e Iglesia del Señor, que en este concepto, la comunión, la unidad y la tolerancia nos abarca a todos nosotros.

Un abrazo y hasta la próxima....