sábado, 9 de julio de 2016

¿Qué significa ser cristiano?



 ¿Nos hemos preguntado alguna vez el significado profundo de denominarnos "cristianos"?



El término cristiano, si bien, comenzó como un título despectivo hacia los seguidores de Jesús, poco a poco fue ganando terreno en los días nacientes de la religión judeo-cristiana, y es, en nosotros, primeramente creyentes, cristianos, protestantes, evangélicos y pentecostales que debe cobrar un sentido profundo y claro de lo que somos.
Ser cristiano, nos quiere dar a entender, que aceptamos a Jesús como el Mesías (el Cristo), redentor de la humanidad, de la casa de Israel, al mundo, y que los que creen en él, por muy diversa que sea esta creencia, nos hace cristianos. De ahí nace denominar “cristiandad”, de manera cosmopolita y variada, el número de pueblos y etnias que siguen esta creencia.
Sabemos que la gran división del cristianismo es entre catolicismo y protestantismo, dos visiones que parecen ser antagónicas, pero en esencia comparten mucho en común. La teología es base para entender las interpretaciones en torno a esta particular creencia en occidente.
A nosotros, de manera general, un cristiano, debe cumplir con ciertos requisitos distintivos de las demás religiones y creencias, y creo no equivocarme, de que uno de esos elementos es la piedad, el mostrar misericordia, quizás como llamando la atención del resto y proclamando tener misericordia del menesteroso, de hecho, muchas órdenes de caballeros cruzados, como los hospitalarios, nos hacen alusión a movimientos y sentimientos de buen amor al prójimo.
Pero estas aclaraciones no nos dejan un conocimiento o una reflexión profunda acerca de ser cristiano, ¿Qué nos hace distintos? Dentro de algunas ramas del protestantismo se predica en contra de la “religión”, haciendo una relación muy estrecha con “tradición”; y además argumentan de que “el evangelio no es una religión”. En mi opinión, toda creencia en un ser inmortal, una deidad, es llamada “religión”, ahora si esa doctrina la ejercemos sin cuidado y sin un sentido claro, caemos en un error.
Hay algunos términos que nos exhortan a ser sumisos completamente, a ver los errores del otro, pero, de igual manera a avalar sus actitudes, puesto que “es el elegido”. Se nos enseña a no cuestionar a Dios, poniendo en ello una gran condenación. Mas, viendo el ejemplo de Cristo, él arremetió contra lo establecido (por la mano del hombre), no dudó en enrostrar los errores que cometían las autoridades religiosas del judaísmo, ¿Debemos ser nosotros insubordinados? De ninguna manera, Dios es ordenado y disciplinado, no obstante, nuestros orígenes, como protestantes, son de insurrección a la autoridad de Roma, en aquellos años una falta terrible, era como rebelarse contra Dios mismo. Sin embargo, los resultados de la reforma conmovieron a toda la cristiandad occidental (puesto que en oriente, la iglesia ortodoxa no sufrió casi influencia).
Aún así, tocando el punto de ser, en cierta manera polémico, no hemos dado con el término o descripción correcta de la pregunta inicial, ¿Ser cristiano se traduce en?: ¿Ser obediente, ser piadoso, ser subversivo, ser creyente? Pienso, que estas cualidades pueden identificar a más de alguno con un cierto ideal de cristiano, el caballero romántico que cabalga a la cruzada a defender su fe y su país de la influencia y dominio del Islam. El cristiano servicial, que cumple sus labores dentro de una organización religiosa, el cristiano que dice las verdades acerca de lo que ve, que puede ser tomado como Juan el bautista, que enrostra los malos hábitos de quienes se dicen ser correctos. El cristiano que con su buena voluntad ayuda a los pobres, pone la otra mejilla y que pretende agradar a Dios de esa manera.
Todas son imágenes que hemos construido a lo largo del tiempo, quizá faltó agregar el predicador que con entusiasmo pregona su fe en las calles y plazas de una ciudad o pueblo; pero quisiera agregar sólo un elemento a este comentario, la libertad, un cristiano ¿Es realmente libre? ¿A qué y de qué? Vivimos en una sociedad con “valores”, en cierta medida y que están cambiando, pero al fin y al cabo, como occidentales, hemos construido nuestros principios en base a la moral cristiana, en donde vuelve a resaltar el elemento de la piedad, de la solidaridad, el respeto y amor al prójimo, tal vez, como un bosquejo de mundo ideal. Pero esta sociedad, tiene una aliciente, y es la apariencia, el demostrar que no soy lo que los demás no quieren que sea, es decir, engaño, vivir bajo un manto de protocolos y normas que hacen sentir a quienes comparten mi entorno que yo, “soy normal”. ¿Eso hace libre a una persona (cristiano)? ¡Si! (del prejuicio), pero le convierte en un ser en alguna medida demarcado por los gustos de los demás, quienes definen lo que está bien y lo que está mal. Un ser preso del “qué dirán”. Dios se agrada de aquellos que sin engaño se acercan a él, además nos insta a ser semejantes a los niños, quienes por sobre muchas cosas guardan su originalidad, su genuinidad, a menos que alguien les quite esa peculiaridad.
El Señor, ¿cómo nos mira?, ¿cómo auténticos creyentes, libres de toda “atadura”, honestos delante de él?, o está viendo cómo nosotros encajamos en los conceptos “limitados” de la cristiandad. ¿Dios quiere hacernos cristianos o creyentes en su palabra? Guardamos una identidad como cristianos, que ya no es a los seguidores de Cristo en Antioquía en el Siglo I, sino que por el hecho de vivir en Occidente, para los musulmanes, principalmente, somos “los infieles”, “los cristianos”. Pero este concepto, puede estar vivo aún, el ser autentico, sin reproches, sin amaneramientos de mi persona, sin guardar mis pisadas, mis dichos, mis opiniones, no porque puedo ofender a Dios, sino porque mis compañeros de fe, me pueden criticar. Cristo manifiesta en su ministerio “La verdad os hará libres” ¿Somos libres? ¿Somos cristianos realmente?
¿Somos creyentes? ¿Somos auténticos? ¿Somos piadosos? ¿Protestantes? ¿Somos obedientes? ¿Qué somos?
Seamos cristianos verdaderos, así como Cristo se dirigió a Natanael como “He aquí, un verdadero israelita, en quién no hay engaño”. Dios pueda decir lo mismo de nosotros. 



 Hasta la próxima
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