Enfrascarse en discusiones con personas
que creen estar en la plena razón es algo muy desilusionante, sin embargo
aquella persona (pudiendo ser nosotros mismos) lo que hace es desplegar un
abanico de argumentos que para él mismo son más que convincentes. Vemos este
tipo de personajes en el ámbito económico, político, científico y no puede
faltar el religioso.
Creo que las mayores discusiones
referentes a Dios o en cuanto a su existencia parten de la ciega y negada
actitud de escuchar los argumentos del otro, si se da al contrario, aquel
debate es enriquecedor y cada persona involucrada puede aprender de quien tiene
al frente, creo que eso es bastante constructivo
Pero cuando quiero imponer mis
cosmovisiones a los demás, quiero que el que me está escuchando acepte de
manera casi automática lo que pienso y sea uno más del grupo que compongo.
Pienso que esta acción nace de la plena convicción de que lo que creemos es tan
benéfico que el resto debe ser como nosotros, el sistema en el que estamos
involucrados es prácticamente perfecto.
Dentro de la historia tenemos dos ejemplos
(un tanto reiterativos) que sirven para graficar lo que quiero decir:
Un joven, Saulo de
Tarso enfrascado en erradicar los seguidores de un tal Jesús de Nazareth, no
sólo en los alrededores de Judea, sino que también en la provincia de Siria.
Este "celo" que sentía por las cosas de Dios, en cierta manera es
admirable la pasión con la que ejecutaba tales actos, siempre creyendo que de
esa manera agradaba a Dios y guardaba la enseñanza que había recibido desde su
infancia, inmerso en una religión antiquísima, llena de tradiciones y figuras
clave.
Otro ejemplo es Martín Lutero, antes de
desatar la reforma en los principados alemanes, aquella devoción a Dios y a su
Iglesia, al Sumo Pontífice de Roma como Vicario de Cristo y representante
legítimo de él en la Tierra, creo que no había hombre más leal y devoto a esta
institución en su tiempo que el máximo exponente del protestantismo a partir
del Siglo XVI.
Mis ejemplos, burdos y reiterativos, los
quiero emplear y relacionar de la siguiente manera, ambos personajes tuvieron
un vuelco radical en sus vidas, de alguna manera tuvieron un encuentro con Dios
mismo que hizo que sus propias convicciones (en su mayoría) tomaran un vuelco a
hacer algo que hace un tiempo en sus vidas jamás habrían hecho ¿Cómo sería este
mundo si Lutero nunca se hubiera separado de la Iglesia romana? O también
podemos pensar ¿Un Saulo de Tarso que consiguió erradicar a los cristianos en
todo el imperio romano?
¿Nuestras convicciones son lo
suficientemente fuertes como para ponernos en pie de guerra y defenderlas con
uñas y dientes? Vemos en muchas personas esa pasión, esa energía alzando la
bandera de lo que quizás nadie se atreve a defender o argumentar a favor....
Vemos y conocemos dentro de iglesias y
congregaciones a hermanos y hermanas que con sinceridad de corazón sostienen un
sistema que en muchos casos es el único que han conocido, defendiendo ya no
solamente lo que podemos llamar la verdad de Cristo, sino que también
intereses de terceros mal fundamentados en las escrituras. Esos personajes son
los que acaparan tribuna en la televisión, dando en más de una ocasión una mala
imagen de lo que significa ser creyente en Dios, en ser evangélico....
Creo que aquella energía, aquella voluntad
de colaborar Dios no la desprecia, pero, esto ha dado pie a que se propaguen múltiples
versiones e interpretaciones de un mismo mensaje (entendiendo que la
interpretación de la palabra de Dios no es privada). Y tenemos como resultado a
iglesias, hermanos y hasta familias dividiéndose por causa de que defendemos
nuestra verdad y nos cegamos a escuchar al otro....
Que Dios nos muestre el camino Siempre
