lunes, 1 de agosto de 2016

Defensores de la Verdad (nuestra verdad)


Enfrascarse en discusiones con personas que creen estar en la plena razón es algo muy desilusionante, sin embargo aquella persona (pudiendo ser nosotros mismos) lo que hace es desplegar un abanico de argumentos que para él mismo son más que convincentes. Vemos este tipo de personajes en el ámbito económico, político, científico y no puede faltar el religioso. 

Creo que las mayores discusiones referentes a Dios o en cuanto a su existencia parten de la ciega y negada actitud de escuchar los argumentos del otro, si se da al contrario, aquel debate es enriquecedor y cada persona involucrada puede aprender de quien tiene al frente, creo que eso es bastante constructivo

Pero cuando quiero imponer mis cosmovisiones a los demás, quiero que el que me está escuchando acepte de manera casi automática lo que pienso y sea uno más del grupo que compongo. Pienso que esta acción nace de la plena convicción de que lo que creemos es tan benéfico que el resto debe ser como nosotros, el sistema en el que estamos involucrados es prácticamente perfecto.

Dentro de la historia tenemos dos ejemplos (un tanto reiterativos) que sirven para graficar lo que quiero decir:

Un joven, Saulo de Tarso enfrascado en erradicar los seguidores de un tal Jesús de Nazareth, no sólo en los alrededores de Judea, sino que también en la provincia de Siria. Este "celo" que sentía por las cosas de Dios, en cierta manera es admirable la pasión con la que ejecutaba tales actos, siempre creyendo que de esa manera agradaba a Dios y guardaba la enseñanza que había recibido desde su infancia, inmerso en una religión antiquísima, llena de tradiciones y figuras clave.

Otro ejemplo es Martín Lutero, antes de desatar la reforma en los principados alemanes, aquella devoción a Dios y a su Iglesia, al Sumo Pontífice de Roma como Vicario de Cristo y representante legítimo de él en la Tierra, creo que no había hombre más leal y devoto a esta institución en su tiempo que el máximo exponente del protestantismo a partir del Siglo XVI.

Mis ejemplos, burdos y reiterativos, los quiero emplear y relacionar de la siguiente manera, ambos personajes tuvieron un vuelco radical en sus vidas, de alguna manera tuvieron un encuentro con Dios mismo que hizo que sus propias convicciones (en su mayoría) tomaran un vuelco a hacer algo que hace un tiempo en sus vidas jamás habrían hecho ¿Cómo sería este mundo si Lutero nunca se hubiera separado de la Iglesia romana? O también podemos pensar ¿Un Saulo de Tarso que consiguió erradicar a los cristianos en todo el imperio romano?

¿Nuestras convicciones son lo suficientemente fuertes como para ponernos en pie de guerra y defenderlas con uñas y dientes? Vemos en muchas personas esa pasión, esa energía alzando la bandera de lo que quizás nadie se atreve a defender o argumentar a favor....
Vemos y conocemos dentro de iglesias y congregaciones a hermanos y hermanas que con sinceridad de corazón sostienen un sistema que en muchos casos es el único que han conocido, defendiendo ya no solamente lo que podemos llamar la verdad de Cristo, sino que  también intereses de terceros mal fundamentados en las escrituras. Esos personajes son los que acaparan tribuna en la televisión, dando en más de una ocasión una mala imagen de lo que significa ser creyente en Dios, en ser evangélico....

Creo que aquella energía, aquella voluntad de colaborar Dios no la desprecia, pero, esto ha dado pie a que se propaguen múltiples versiones e interpretaciones de un mismo mensaje (entendiendo que la interpretación de la palabra de Dios no es privada). Y tenemos como resultado a iglesias, hermanos y hasta familias dividiéndose por causa de que defendemos nuestra verdad y nos cegamos a escuchar al otro....


Que Dios nos muestre el camino Siempre